El Esplendor, poemario del poeta y novelista cubano Asley L. Mármol, ahora a la venta.

Updated: May 27, 2019



La luz define, erige y desnuda estos poemas. Sus rincones oscuros futilmente se ocultan. Todo es expuesto, la infancia, las cosas cotidianas, la emoción de descubrir la voz, el destierro, el amor de tantos años, la paternidad, las decepciones insondables, el aliento del pasado y el destellar futuro. El Esplendor es una vida descrita en versos, una vida no siempre feliz, pero como toda existencia con momentos de luz y tinieblas hablando al unísono. La luz siempre triunfa a destiempo; he ahí la reverberación final, crucial, que queda en el lector.

Editorial Verbum. Madrid.

I.S.B.N.: 978-84-9074-925-8

210 páginas, Español/Inglés.

Puede adquirirlo en:

www.asleylmarmol.com

https://editorialverbum.es/categoria-producto/coleccionpoesia


Dedicatoria:

Antes de entregar esta inmersión extemporánea en la maleza ardiente del verbo, quisiera agradecer a quienes me consolaron durante el arduo ascenso, que aún no termina… A Leonardo e Israel Mármol, entrañables tío y primo, quienes otrora hicieron posible que hoy pueda escribir estas palabras en libertad. A la muy querida Carolyn Loper y al magnífico escritor estadounidense R.G. Triplett por haber revisado la versión en inglés inyectando lucidez al insaciable escándalo de una traducción de poesía víctima de los delirios de su propio autor. Al increíble amigo y sagaz intelectual, Dr. James López, profesor de Lengua y Literatura Españolas de la Universidad de Tampa quien, como artífice renacentista, reparó el texto en inglés ofreciendo increíbles aciertos que han propiciado una lectura más coherente y bella de la versión en el idioma de Walt Whitman; además le agradezco eternamente por sus inspiradas palabras introductorias. Al exquisito pintor cubano Javier Dubrocq, por haberme permitido exhibir su magnífica obra en la portada del libro, quedo en su perpetua deuda. Por supuesto le doy gracias a los muchos amigos artistas; bailarines, músicos, escritores, cantantes, pintores, empresarios, aquí en la ciudad de Tampa, quienes nos acogieron y me inspiraron a terminar este proyecto postergado por lustros. A mi madre que, aunque lejos, está siempre en el tejido de mi poesía. A mi bella esposa y talentosas hijas quienes sobrellevaron por largo tiempo mis ansias contenidas. A la ciudad de Tampa; desde que toqué su alma me inundó con el espíritu de Martí -quien caminó estas calles-, y de generaciones de cubanos exiliados que llena el aire con el aroma de la libertad. No existe otro lugar fuera de nuestra Isla donde tengamos raíz tan sensible y profunda.


Prólogo

Asley L. Mármol es un poeta fuera de tiempo, es un bardo, un cantor de esencias, un explorador en el terreno de las Formas, un creyente que halla pruebas de lo eterno en los intersticios de lo visible y las asperezas de lo táctil. Adopta los modales verbales del poeta-vidente, él que ve lo que los demás ignoran, como ese sabor inverosímil que a veces persiste en la boca después del manjar, y que no obstante contiene en sí la verdad del manjar y es la razón de su irresistible dulzura. Stendhal decía que la belleza no es sino la promesa de una felicidad. Mármol está preso –irremediable y celosamente preso– de esa promesa, y en su búsqueda es capaz de retratar sus huellas en los objetos y sensaciones de una preñada cotidianeidad. Un poeta de la añoranza, y tal vez es una condición crónica padecida por la diáspora de poetas cubanos, que se han visto escindidos del espléndido tronco literario de su patria, frutas tropicales esparcidas por un planeta cada vez más hostil o indiferente al alimento lírico. Pero su añoranza no es únicamente por la patria perdida, sino también por el jardín del que hemos sido todos expulsados para siempre. Va por el mundo recogiendo los frutos del Árbol de la Vida, plantando sus semillas entre los versos que escribe. Un poeta del optimismo, un poeta del Amor ecuménico, un poeta de los pocos que quedan que cree en la lengua, que profesa una fe indomable en la capacidad genésica de la Palabra. Un poeta que entiende –como Borges, como Lezama– que con las palabras se hacen las cosas, que del lodo de la confusión mental se forman las criaturas de luz que alumbrarán un porvenir mejor y más humano. Un poeta sencillo, en el sentido heroico de la palabra. A pesar del leve barroquismo de sus versos, la suya es un alma sincera, transparente, que busca cohabitar con el misterio de lo eterno como se cohabita con la pareja y los hijos y los seres queridos, sin daño, sin envidia, cara a cara, enamorado. La suya es una disposición panteísta, esperanzada, generosa, abocada hacia el deleite compartido, como lo deja escrito bellamente en su poema “En el aire”:


Entre suaves baldosas grises cabalgo a horcajadas el tiempo y desde mis bolsillos esparzo los recios pétalos de las horas que caen abismándose sobre la vasta amargura de los seres.


Esa sencillez heroica, que halla lo épico en la delicada observación del mundo sensible, lo empareja con el padre de todos los poetas cubanos, José Martí, al cual honra con una de las más bellas y acertadas frases que he leído jamás, cuando lo describe en el instante de su muerte como el “frágil cristo de la libertad”. Asley L. Mármol es un pintor de lo aleatorio y lo entrevisto. La fragilidad de sus versos proviene tal vez de la paleta sombría que utiliza a la hora de representar aquellas esencias captadas por su percepción privilegiada. En la poesía de Mármol abunda la penumbra, la sombra, el tenebrismo y el silencio, y también la sed de lo sensual, y junto con el ojo y el oído, la boca ocupa un lugar central en su anatomía lírica. Sin embargo, tal vez la palabra más utilizada por el poeta de El esplendor sea Luz: la forma última que contiene en sí todas las demás, la Luz que alumbra lo íntimo y lo eterno, el hilo luminoso que nos ata a todos desde siempre y para siempre, la Luz que guía y enceguece, que revela y fulmina. La Luz en el cénit y en el fondo del ser, la que nos queda como ascuas –otra imagen frecuente en este libro– incluso en los momentos de más espantosa oscuridad. El olvidado existencialista Georges Gusdorf decía que la función del poiesis en su sentido original, que es el de crear aquello que antes no existía, y que es fuero exclusivo del ser humano, tiene como su fin único “ensanchar las posibilidades del ser”. Asley L. Mármol nos ensancha el ser a lo largo de El esplendor. La luz que alumbra sus versos nos indica otro camino posible hacia la liberación.


James J. López


Selección de poemas:


la luz y la memoria


La luz y la memoria

acuden disipando

la precisa holgura de Aquello

que me hace vislumbrar mis manos exactas.

Me conozco gracias a esta honda precisión

distancia entre la luz y lo eterno

calma de la falaz esencia humana.

Como dudosa eternidad

se adscribe un silencio en mi costado

sonido quedo

cual la memoria de los muertos

hechos ya barro y luz inaprehensible.

Retomo aquellas manos exactas

rescatadas del olvido.

Se consuelan al moldear

un breve huesecillo del viento

una recia paz

divina en la penumbra.

Luego

hablar de todo

del agua

de la tierra y sus fermentos

hablar, en fin

hablar de Dios.



oda al vino

homenaje a Charles Baudelaire


Cómo sale de mis labios

este verso etílico

brebaje saturnal

sanguíneo

que me entrampa

Cómo han de multiplicarse mis sentidos

puedo ver

el negro

tenebroso rictus de los labios

mientras derriten una frase

retorno de ti misma

sobre

la cruenta aventura

de tentar la boca

delirante

de un sepulcro.



en la penumbra


El jarrón olvidado en la penumbra

oculto tras las alas del broncíneo Hermes

me hunde en su boca

donde una larga estirpe de silencio clama

El jarrón olvidado

ante un soplo apenas deambulante

corre hacia mí

cual eras añicas en el tiempo

No es su cuerpo abotellado

ni su circunferente labio

la rapacidad del polvo

Es

asombroso cauce hacia la muerte

brecha por donde todo

el fasto y todo

se diluye

en inmarcesible paz.



la casa pequeña


Paredes entrañablemente hundidas

los sillones gastados

tardes que cobijan el sopor

en las hojas dispersas

Ínfimo inmueble

la mesa estampada en la pared

la cena

siesta en el frío de las losas.



lluvia


Fastidiosa madre del polvo

envuelta en esa aridez

que nos abraza

Hundes la espina

de otro cuerpo

más denso

más infame

otro cuerpo.



dunas


Extenuados animales silentes

yacen habitados

por la vida austera

del polvo

innumerables dichas

pereciendo en la arena


Tristes memorias

del silencio



por el oscuro sendero

a nuestra Jácara


Torna la luz

ante lo inmenso

un doráceo hilillo

la marea ensombrecida

teje


Bate sobre el tiempo

el haz

la bocanada innombrable

quietud

que reverbera

ante la muerte


Como tálamo del miedo

ante la luz

se alzan

las terribles visiones del olvido

mas la luz burla la tiniebla

y se deja pasar

estremecida


Al cabo del silencio

el regocijo de la sombra

volverá a ser

breve penumbra...


Elevarase la luz

Desconcertante

hacia raras imágenes eternas


Mientras

por el oscuro sendero

marcha la luz

hacia la inexpugnable calma.



light and memory

Light and memory come dissipating the precise space of That which makes me glimpse my exact hands.

I know myself through this deep precision distance between light and the eternal calm of the fallacious human essence. Like a dubious eternity a silence is ascribed to my side quiet sound like the memory of the dead already turned to clay and light inapprehensible.

I return to those exact hands rescued from oblivion. They console themselves when molding a brief, small bone of wind a sturdy peace divine in the darkness. Then talk about everything of the water of the earth and its ferment talk, finally talk about God.


ode to wine tribute to Charles Baudelaire


How does this ethylic verse come out of my lips bloody saturnal concoction that entraps me

How can my senses multiply I can see the black tenebrous rictus of the lips melting a phrase return of yourself over the cruel adventure of tempting the delirious mouth of a sepulcher.

in the shadows

The vase forgotten in the shadows hidden behind the bronze wings of Hermes draws me into its mouth where a long lineage of silence cries

The forgotten vase before a barely wandering breeze runs towards me as ages shattered in time

It isn’t its bottled figure not its circumferential lip the rapacity of the dust

Is thrilling channel toward death path where everything the splendor and everything is diluted in unfading peace.


the small house

Walls sunk deep the worn rocking chairs evenings that shelter the somnolence among scattered leaves

Minute dwelling the table stamped on the wall dinner siesta on the cold floor tiles.

rain

Fastidious mother of dust wrapped in that aridity that embraces us

You sink the thorn of another body more dense more infamous another body.

dunes

Exhausted silent animals   lay inhabited      by the austere life       of the dust innumerable joys         dying in the sand

Sad memories of silence


down the dark path to our Jácara


The light shifts before the immensity a golden thread the shadowed tide weaves

Beating over time the beam the unnamed breath stillness that reverberates before death

As a thalamus of fear before the light rise the terrible visions of oblivion but the light mocks the darkness and lets itself be passed through shuddering

After the silence the rejoicing of the shadow will be again brief darkness…

The light will rise perplexing towards rare eternal images

While down the dark path the light marches towards the impregnable calm.





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